Después de atravesar la ruta 7 y sus increíbles túneles finalmente llegamos al extremo oeste de nuestro país. Este momento fue realmente muy emocionante: el guía hizo un discurso hablando sobre el amor hacia nuestra patria y creo que más de uno se le habrá caído una lágrima. Varios kilómetros de viaje nos llevaron hasta la frontera con Chile, en un paso terrestre en donde se puede observar de frente el gran Cerro Aconcagua ❤️.
Estar en ese lugar significó mucho para mí. Hasta ahora es lo más al oeste que fui en mi país. Siempre que estoy de viaje me gusta chequear mi ubicación en el mapa porque a veces realmente no lo puedo creer . Si bien ya había estado en la provincia de Mendoza, nunca había llegado hasta esta parte.
El itinerario de este viaje tenía una parada en la base del cerro y la subida hacia el mismo era un paseo opcional. Como siempre, yo quiero hacer todo lo que haya disponible así que no dudé en comprar esta excursión. Por su parte, mi compañera de viaje decidió quedarse bebiendo un café, cuestión completamente entendible porque hacía muchísimo frío.
Hicimos el ascenso en unos pequeños micros ya que al ser un camino bastante sinuoso, los colectivos de gran porte tienen dificultades para maniobrar en esas curvas. Nuevamente quedé sorprendida por la habilidad de los conductores, pero supongo que ya estan muy acostumbrados a hacer esos recorridos.
Al igual que el recorrido que vi en la Cuesta de Lipán en Jujuy, para ascender al lugar tan empinado el camino está construido en forma de caracol. Curvas y contracurvas no aptas para personas que se marean fácilmente. Tan solo miren la forma de la ruta.
A medida que subíamos, dejamos de ver la cafetería en la base del cerro y nos adentramos puramente en montañas. La cordillera de Los Andes es realmente majestuosa, y a pesar de estar en una época muy cercana al verano, tuvimos la suerte de ver algo de nieve.
Para cuando estuvimos en la cima, ya tenía los oídos completamente tapados, y cuando bajamos del micro, el congelamiento fue total. Yo no había considerado que (algo obvio diciéndolo ahora) en la cima de las montañas haría mucho frío, así que mi abrigo era muy escaso .
Desde allí tuvimos una increíble vista frontal del Cerro Aconcagua. Este es el más alto de la Cordillera de los Andes y de todo América. Tiene una elevación de 6960,8 metros sobre el nivel del mar, y unos escaladores nos contaron que la nieve de su cima es permanente ❤️.
Estar en ese lugar tan imponente te hace sentir insignificante. Me parecía que no me alcanzaban los ojos para ver lo hermoso que era, de verdad me emocioné y se me hizo un nudo en la garganta .
Por supuesto este cerro puede observarse desde distintos puntos: en particular, este lugar se llama Mirador del Cristo Redentor. Resulta que todos los que estaban conmigo habían escuchado sobre él, menos yo que no me informo sobre un lugar hasta que estoy en él .
Esto es debido a la escultura que allí se encuentra desde 1904, la cual representa la pacífica resolución que tuvieron Argentina y Chile en cuestiones de límites geográficos. Incluso dicen que esto casi nos lleva a una guerra, pero que bueno que no fue así .
Por supuesto, allí se encuentran bases militares de ambos países. Y para no perder la costumbre del comercio con el turismo... una tienda de artesanías y recuerdos. Para el bien de mi bolsillo estaba cerrada, pero hubiese preferido que nos vendieran alguna bebida caliente: yo realmente me estaba congelando .
Toda esta zona de la frontera es interesante porque cruzas la calle y ya estas en el país vecino. Así que pude decirles a mis amigos que me fuí al extranjero .
Como si el ascenso no hubiese sido lo bastante aventurero, el descenso lo fue aún más. Que la calle esté en bajada y con la tierra seca te asustaba un poco. Si algún día aprendo a manejar un vehículo supongo que pasarían muchos años hasta que pueda meterme en una calle como esta .
Una vez que volvimos a la base del cerro, ahí si que me pedí un café bien caliente para que se me descongelen los órganos. Mientras estábamos allí vi una linda fotografía del Cristo y las banderas de los dos países. Me hizo muy feliz haber conocido ese lugar, menos mal que elegí hacer esa excursión ❤️.
De este paseo aprendí una lección muy importante: si bien ya casi es verano, en la Cordillera de los Andes hace frío todo el año, por lo que nunca esta de más llevar algo de abrigo. Con el que tenía estuve bien, pero me hubiese gustado tener más. Sin embargo, ese café caliente me volvió a la vida y luego ya estuve lista para seguir el viaje, muy contenta por haber visto uno de los paisajes más lindos de mi vida ❤️.
Después de atravesar la ruta 7 y sus increíbles túneles finalmente llegamos al extremo oeste de nuestro país. Este momento fue realmente muy emocionante: el guía hizo un discurso hablando sobre el amor hacia nuestra patria y creo que más de uno se le habrá caído una lágrima. Varios kilómetros de viaje nos llevaron hasta la frontera con Chile, en un paso terrestre en donde se puede observar de frente el gran Cerro Aconcagua ❤️.
Estar en ese lugar significó mucho para mí. Hasta ahora es lo más al oeste que fui en mi país. Siempre que estoy de viaje me gusta chequear mi ubicación en el mapa porque a veces realmente no lo puedo creer . Si bien ya había estado en la provincia de Mendoza, nunca había llegado hasta esta parte.
El itinerario de este viaje tenía una parada en la base del cerro y la subida hacia el mismo era un paseo opcional. Como siempre, yo quiero hacer todo lo que haya disponible así que no dudé en comprar esta excursión. Por su parte, mi compañera de viaje decidió quedarse bebiendo un café, cuestión completamente entendible porque hacía muchísimo frío.
Hicimos el ascenso en unos pequeños micros ya que al ser un camino bastante sinuoso, los colectivos de gran porte tienen dificultades para maniobrar en esas curvas. Nuevamente quedé sorprendida por la habilidad de los conductores, pero supongo que ya estan muy acostumbrados a hacer esos recorridos.
Al igual que el recorrido que vi en la Cuesta de Lipán en Jujuy, para ascender al lugar tan empinado el camino está construido en forma de caracol. Curvas y contracurvas no aptas para personas que se marean fácilmente. Tan solo miren la forma de la ruta.
A medida que subíamos, dejamos de ver la cafetería en la base del cerro y nos adentramos puramente en montañas. La cordillera de Los Andes es realmente majestuosa, y a pesar de estar en una época muy cercana al verano, tuvimos la suerte de ver algo de nieve.
Para cuando estuvimos en la cima, ya tenía los oídos completamente tapados, y cuando bajamos del micro, el congelamiento fue total. Yo no había considerado que (algo obvio diciéndolo ahora) en la cima de las montañas haría mucho frío, así que mi abrigo era muy escaso .
Desde allí tuvimos una increíble vista frontal del Cerro Aconcagua. Este es el más alto de la Cordillera de los Andes y de todo América. Tiene una elevación de 6960,8 metros sobre el nivel del mar, y unos escaladores nos contaron que la nieve de su cima es permanente ❤️.
Estar en ese lugar tan imponente te hace sentir insignificante. Me parecía que no me alcanzaban los ojos para ver lo hermoso que era, de verdad me emocioné y se me hizo un nudo en la garganta .
Por supuesto este cerro puede observarse desde distintos puntos: en particular, este lugar se llama Mirador del Cristo Redentor. Resulta que todos los que estaban conmigo habían escuchado sobre él, menos yo que no me informo sobre un lugar hasta que estoy en él .
Esto es debido a la escultura que allí se encuentra desde 1904, la cual representa la pacífica resolución que tuvieron Argentina y Chile en cuestiones de límites geográficos. Incluso dicen que esto casi nos lleva a una guerra, pero que bueno que no fue así .
Por supuesto, allí se encuentran bases militares de ambos países. Y para no perder la costumbre del comercio con el turismo... una tienda de artesanías y recuerdos. Para el bien de mi bolsillo estaba cerrada, pero hubiese preferido que nos vendieran alguna bebida caliente: yo realmente me estaba congelando .
Toda esta zona de la frontera es interesante porque cruzas la calle y ya estas en el país vecino. Así que pude decirles a mis amigos que me fuí al extranjero .
Como si el ascenso no hubiese sido lo bastante aventurero, el descenso lo fue aún más. Que la calle esté en bajada y con la tierra seca te asustaba un poco. Si algún día aprendo a manejar un vehículo supongo que pasarían muchos años hasta que pueda meterme en una calle como esta .
Una vez que volvimos a la base del cerro, ahí si que me pedí un café bien caliente para que se me descongelen los órganos. Mientras estábamos allí vi una linda fotografía del Cristo y las banderas de los dos países. Me hizo muy feliz haber conocido ese lugar, menos mal que elegí hacer esa excursión ❤️.
De este paseo aprendí una lección muy importante: si bien ya casi es verano, en la Cordillera de los Andes hace frío todo el año, por lo que nunca esta de más llevar algo de abrigo. Con el que tenía estuve bien, pero me hubiese gustado tener más. Sin embargo, ese café caliente me volvió a la vida y luego ya estuve lista para seguir el viaje, muy contenta por haber visto uno de los paisajes más lindos de mi vida ❤️.






















