Una de las cosas que tengo pendientes por aprender es a nadar. Me gusta pasar las tardes de río frente al agua o visitar la playa de vez en cuando, pero mi miedo a las profundidades solo me hace poder apreciar el agua desde lejos, o apenas meterme con el agua hasta la cintura. Este verano mientras todos se divertían nadando en el Río Azul de El Bolsón, yo era la encargada de quedarme afuera cuidando las cosas o sacándole fotos a mis amigos. Y aunque intenté aprender a nadar, esta vez tampoco lo logré .
La profundidad del Río Azul no es tanta pero sí tiene unas aguas que corren bastante rápido. Sin embargo, este río es tan extenso que se pueden encontrar zonas adecuadas para nadar e incluso piletones de agua casi estancada. El punto más turístico para hacer esto es el ex Camping Doña Rosa, en donde hay paradores, puentes colgantes, alojamientos y otros campings. Pero por supuesto, en toda la extensión del río pueden encontrarse otros lugares similares y no tan concurridos .
Uno de estos otros lugares se encuentra un poco más al sur, camino a la provincia de Chubut. Esta zona también es de campings, pero no son tan famosos como los antes mencionados. En todo el tiempo que estuve trabajando en el hostel de El Bolsón este verano, conocí personas locales que nos llevaron a este lugar que es más que nada, visitado por vecinos. Lo llaman los pozones de Gómez, por un camping privado que antes funcionaba ahí pero ahora es municipal. En este lugar, la gente se reúne de ambos lados: el lado más fácil es al que se llega en auto, pero si sos un poco valiente, había una parte lo suficientemente baja como para cruzar el río caminando .
En esta zona del río, el agua estaba calma en la orilla y solo corría algo rápido en el centro, lo que lo hacía un lugar adecuado para aprender a nadar. Si bien nos había tocado un día de casi 30°C, el agua no dejaba de estar helada. Ahí mis amigos se ofrecieron a enseñarme a nadar, y juro que lo intenté, pero ni bien despegaba los pies del suelo, el pánico se apoderaba de mí. Además, por lo fría que estaba el agua, los brazos y las piernas se me entumecían, por lo que no resistía mucho. Al final, terminaba siendo mejor plan quedarse en la orilla disfrutando del sol .
No sé en qué parte de Argentina habrá playas, lagos o ríos con aguas cálidas, pero todo lo que visité hasta ahora tenía el agua congelada. Supongo que será por eso que muchos de mis compatriotas eligen ir a las playas de Brasil, en donde las temperaturas son más agradables. También será que tendré que aprender a nadar en alguna pileta climatizada, aunque tampoco prometo lograrlo. Mientras tanto, practico mis habilidades fotográficas desde afuera .
❤️¡Espero que les haya gustado este post! Gracias por leer. ❤️
Una de las cosas que tengo pendientes por aprender es a nadar. Me gusta pasar las tardes de río frente al agua o visitar la playa de vez en cuando, pero mi miedo a las profundidades solo me hace poder apreciar el agua desde lejos, o apenas meterme con el agua hasta la cintura. Este verano mientras todos se divertían nadando en el Río Azul de El Bolsón, yo era la encargada de quedarme afuera cuidando las cosas o sacándole fotos a mis amigos. Y aunque intenté aprender a nadar, esta vez tampoco lo logré .
La profundidad del Río Azul no es tanta pero sí tiene unas aguas que corren bastante rápido. Sin embargo, este río es tan extenso que se pueden encontrar zonas adecuadas para nadar e incluso piletones de agua casi estancada. El punto más turístico para hacer esto es el ex Camping Doña Rosa, en donde hay paradores, puentes colgantes, alojamientos y otros campings. Pero por supuesto, en toda la extensión del río pueden encontrarse otros lugares similares y no tan concurridos .
Uno de estos otros lugares se encuentra un poco más al sur, camino a la provincia de Chubut. Esta zona también es de campings, pero no son tan famosos como los antes mencionados. En todo el tiempo que estuve trabajando en el hostel de El Bolsón este verano, conocí personas locales que nos llevaron a este lugar que es más que nada, visitado por vecinos. Lo llaman los pozones de Gómez, por un camping privado que antes funcionaba ahí pero ahora es municipal. En este lugar, la gente se reúne de ambos lados: el lado más fácil es al que se llega en auto, pero si sos un poco valiente, había una parte lo suficientemente baja como para cruzar el río caminando .
En esta zona del río, el agua estaba calma en la orilla y solo corría algo rápido en el centro, lo que lo hacía un lugar adecuado para aprender a nadar. Si bien nos había tocado un día de casi 30°C, el agua no dejaba de estar helada. Ahí mis amigos se ofrecieron a enseñarme a nadar, y juro que lo intenté, pero ni bien despegaba los pies del suelo, el pánico se apoderaba de mí. Además, por lo fría que estaba el agua, los brazos y las piernas se me entumecían, por lo que no resistía mucho. Al final, terminaba siendo mejor plan quedarse en la orilla disfrutando del sol .
No sé en qué parte de Argentina habrá playas, lagos o ríos con aguas cálidas, pero todo lo que visité hasta ahora tenía el agua congelada. Supongo que será por eso que muchos de mis compatriotas eligen ir a las playas de Brasil, en donde las temperaturas son más agradables. También será que tendré que aprender a nadar en alguna pileta climatizada, aunque tampoco prometo lograrlo. Mientras tanto, practico mis habilidades fotográficas desde afuera .





