La provincia de Mendoza es de esas que generan ganas de volver una y otra vez. Bueno, en realidad toda Argentina es hermosa y dan ganas de regresar una y otra vez: nuestro territorio es tan extenso y con tantas cosas para ver que no sé si la vida alcanzaría para recorrer cada rincón. Pero por el momento, me conformo con tener la posibilidad de visitar algunos lugares geniales de tanto en tanto. En esta oportunidad quiero compartir con ustedes lo que fue nuestro viaje a la provincia de Mendoza, la tierra de las uvas y el vino ❤️.
Yo ya había estado en Mendoza en el 2018 cuando fuí a hacer un viaje de estudios de la universidad y en Noviembre del año pasado cuando hice mi segundo viaje sola, así que esta fue la tercera vez que anduve por aquellos rumbos. Llegar hasta allí toma aproximadamente 12 horas en micro, un viaje algo largo pero que con las paradas intermedias para cenar y estirar las piernas se hace bastante ligero . La última vez me hospedé en la ciudad de Mendoza, pero esta vez la ciudad de San Rafael fue la elegida, la cual es otro gran centro turístico de esta área.
Organizamos este paseo en Febrero de este año con intención de celebrar el cumpleaños de una amiga. Casualmente cerca de su día estaba en fin de semana largo de carnavales así que todas tuvimos el tiempo libre como hacernos una pequeña escapada hasta allá. Estuve muy feliz por esto porque fuimos en total 6 chicas y todo salió perfecto: ultimamente en la vida adulta es muy difícil coincidir en tiempo y horario con tanta gente, así que fuimos muy afortunadas por poder hacerlo
Emprendimos el camino en horas de la tarde y al otro día a primera hora ya casi llegabamos a nuestro destino. Nuestra primera parada fue para bajar a desayunar en un pequeño café del lugar. La provincia de Mendoza es famosa aquí y en el mundo por su producción de vinos, por lo que toda esta zona esta rodeada de viñedos y bodegas .
En la entrada de este lugar había una particular fuente que enseguida atrajo la atención de todos antes de que bajátgfrramos del micro. Se trataba de una fuente con agua roja, simulando ser vino y representando la ciudad. Pero antes de ilusionarnos un poco más, los guías nos avisaron que no era vino real .
La cartelería del lugar contaba un poco la historia de este manantial de vino: resulta que un joven llamado Laertes que ofrendaba racimos de uva a Dionisio, el Dios del vino, en una oportunidad se enamoró de una ninfa llamada Aclea, cuya vida dependía de un manantial. Entonces para demostrarle su amor también empezó a ofrendarle uvas a ella, lo que provocó la furia de Dionisio. Este intentó destruirla secando su manantial, pero el joven trató de desviar el cauce de unos ríos para devolverle el agua y la vida, lo que lo dejó muy débil al borde de la muerte. Con sus últimas fuerzas logró exprimir las últimas uvas que tenía para ofrendarlas a su amada y dice el mito que desde este jugo se desprendió un torrente del más exquisito vino y que del lugar donde cayó rendido Leartes surgió una viña fértil, la cuál es regada siempre por su amada Aclea quién no deja de sufrir su pérdida. Trágico y romántico al mismo tiempo .
La hora no era la mejor de todas para sacarnos fotos de frente a la fuente pero no quería dejar de tener un recuerdo de este momento. El día estaba hermoso y el sol radiante y caluroso, casi tanto como para dar un chapuzón en toda esa agua roja .
Finalmente, después de dar una vuelta por los alrededores, pudimos tener nuestro desayuno (al fin porque no daba más del hambre que tenía). Este desayuno era de estilo libre, con café con leche y tostadas, medialunas y bizcochos. Solo pagamos 400 ARS por eso (2 USD), un precio bastante razonable considerando que también me llevé de recuerdo algunos bizcochos para comer con el mate de la tarde .
Estar de vacaciones con amigas es una de las mejores cosas que hice en el verano: todo el tiempo eran risas, bromas, fotos y gritos por aquí y allá. Fue un buen comienzo para este paseo: ya estábamos bastante aceleradas y ni siquiera habíamos bebido una copa de vino: después de todo, creo que aunque la fuente era simbólica, sí que tuvo un efecto alcohólico en nosotras. .






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