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27 de diciembre de 2025

Villa La Angostura, en total contacto con el lago y la naturaleza.

¿Es posible que cada lugar al que vamos sea mejor que el anterior? Pues sí, y a esa altura del paseo ya estaba teniendo un pico de serotonina o sea lo que fuera que me estaba causando extrema felicidad. Cuando uno piensa en el sur de Argentina se imagina nieve y mucho frío y es porque este destino es elegido principalmente por esto en invierno, pero el paisaje en verano es completamente soñado y vale la pena ir a visitarlo en esta estación. Bueno, creo que en cualquier momento del año valdría la pena ir a visitar este hermoso lugar

A esta altura de la vida me he vuelto fan de Villa La Angostura y de verdad quiero volver a ir a visitar estas playas. Es que esos colores son una cosa que no se pueden creer: cuando ví algunas fotos en Internet creía que eran pura edición, pero una vez que lo comprobé con mis propios ojos dejé de ser escéptica respecto a toda esta área. Después de nuestro paso por el Puerto Manzano, quisimos ir a ver qué había más allá y seguimos encontrando muchísima belleza


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Para acceder a esta zona, solo los valientes usan el auto: las calles son subidas y bajadas de tierra y se debe manejar muy bien para no quedarse estancado. Nosotros preferimos no arriesgarnos a esto así que decidimos que lo mejor sería caminar y de paso, disfrutar un poco el paisaje. Guiados por el mapa, llegamos hasta un lugar que decía playa pública, pero al estar ahí los carteles decían "Playa Picnic", así que nunca supimos cuál era el verdadero nombre .


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Lo característico de esta playa es que para llegar a ella había que atravesar un gran bosque de árboles muy altos. Esto hacía todo el camino oscuro y frío, como en la típica vegetación que crece alta para conseguir un poco de luz solar. ¿Atravesar el bosque para llegar a la playa con montañas? Esto sí que es una buena demostración de los paisajes existentes en esta zona .


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Y aquí, una vez más nos encontramos con el lago Nahuel Huapí, sus hermosos tonos verdes y turquesas y lo pintoresco del fondo montañoso. A diferencia del puerto, esta zona es todo playa, sin muelle pero con la posibilidad de navegar y de hacer kayak, mi peor enemigo .


IMG_20220201_111439746_HDR.jpg IMG_20220201_111512330_HDR.jpg IMG_20220201_111431962_HDR.jpg IMG_20220201_111922337_HDR.jpg


 

Lo que tiene de hermoso este paisaje lo tiene de peligroso para aquellos que no sabemos nadar: las distintas tonalidades se generan por la diferencia de profundidad a medida que te adentrás en el lago. Como pueden ver, estas embarcaciones estan bastante cerca de la orilla, y esto era porque a esa distancia el agua ya estaba bastante profunda. Además, hay que mencionar que este lago proviene del deshielo, por lo que el agua está helada. Entonces, si van a nadar allí, hay que hacerlo con precaución .


IMG_20220201_112050434_HDR.jpg IMG_20220201_111947195_HDR.jpg IMG_20220201_111952824_HDR.jpg


 

Para cuando fuimos, era antes del mediodía así que no había mucha gente allí, horario ideal para ir a descansar de verdad. Descansar y desconectarse de todo, porque por supuesto en esta zona tampoco hay señal de celulares ni servicios de nada, como por ejemplo baños o proveeduría. Entonces, hay que tener esto en consideración si se va a pasar el día allí. Pero con tal de estar ahí admirando tal paisaje, sería un esfuerzo que vale la pena hacer aunque sea por unas horas .

Fuente

¿Es posible que cada lugar al que vamos sea mejor que el anterior? Pues sí, y a esa altura del paseo ya estaba teniendo un pico de serotonina o sea lo que fuera que me estaba causando extrema felicidad. Cuando uno piensa en el sur de Argentina se imagina nieve y mucho frío y es porque este destino es elegido principalmente por esto en invierno, pero el paisaje en verano es completamente soñado y vale la pena ir a visitarlo en esta estación. Bueno, creo que en cualquier momento del año valdría la pena ir a visitar este hermoso lugar

A esta altura de la vida me he vuelto fan de Villa La Angostura y de verdad quiero volver a ir a visitar estas playas. Es que esos colores son una cosa que no se pueden creer: cuando ví algunas fotos en Internet creía que eran pura edición, pero una vez que lo comprobé con mis propios ojos dejé de ser escéptica respecto a toda esta área. Después de nuestro paso por el Puerto Manzano, quisimos ir a ver qué había más allá y seguimos encontrando muchísima belleza


IMG_20220201_111217225.jpg 

Para acceder a esta zona, solo los valientes usan el auto: las calles son subidas y bajadas de tierra y se debe manejar muy bien para no quedarse estancado. Nosotros preferimos no arriesgarnos a esto así que decidimos que lo mejor sería caminar y de paso, disfrutar un poco el paisaje. Guiados por el mapa, llegamos hasta un lugar que decía playa pública, pero al estar ahí los carteles decían "Playa Picnic", así que nunca supimos cuál era el verdadero nombre .


IMG_20220201_111321688_HDR.jpg

 

Lo característico de esta playa es que para llegar a ella había que atravesar un gran bosque de árboles muy altos. Esto hacía todo el camino oscuro y frío, como en la típica vegetación que crece alta para conseguir un poco de luz solar. ¿Atravesar el bosque para llegar a la playa con montañas? Esto sí que es una buena demostración de los paisajes existentes en esta zona .


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Y aquí, una vez más nos encontramos con el lago Nahuel Huapí, sus hermosos tonos verdes y turquesas y lo pintoresco del fondo montañoso. A diferencia del puerto, esta zona es todo playa, sin muelle pero con la posibilidad de navegar y de hacer kayak, mi peor enemigo .


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Lo que tiene de hermoso este paisaje lo tiene de peligroso para aquellos que no sabemos nadar: las distintas tonalidades se generan por la diferencia de profundidad a medida que te adentrás en el lago. Como pueden ver, estas embarcaciones estan bastante cerca de la orilla, y esto era porque a esa distancia el agua ya estaba bastante profunda. Además, hay que mencionar que este lago proviene del deshielo, por lo que el agua está helada. Entonces, si van a nadar allí, hay que hacerlo con precaución .


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Para cuando fuimos, era antes del mediodía así que no había mucha gente allí, horario ideal para ir a descansar de verdad. Descansar y desconectarse de todo, porque por supuesto en esta zona tampoco hay señal de celulares ni servicios de nada, como por ejemplo baños o proveeduría. Entonces, hay que tener esto en consideración si se va a pasar el día allí. Pero con tal de estar ahí admirando tal paisaje, sería un esfuerzo que vale la pena hacer aunque sea por unas horas .

Fuente

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20 de diciembre de 2025

Recorriendo Buenos Aires: La Boca

Este pequeño distrito de la zona sur de la Capital Federal o CABA (Ciudad Autónoma de Buenos Aires) encierra una muy rica historia y es probablemente uno de los barrios emblemáticos de los porteños.

Hoy en día el barrio es conocido e intesamente nombrado porque allí tiene su estadio y su sede social uno de los dos clubes de fútbol más importantes de la Argentina y probablemente del mundo. También por el paseo turístico de “Caminito”, una pequeña zona de pocas cuadras a la redonda donde se conservan viviendas en el estado original de cuando se produjo la inmigración italiana de fines del siglo XIX y principios del XX.

Caminito

Sin embargo la historia del barrio es muy rica y excede el ámbito descripto.

El barrio “Boca del Riachuelo”, su verdadera designación que luego se simplificó a “La Boca” debe su denominación al río que sirve de separación o límite natural entre CABA y la provincia de Buenos Aires, el nombre de este río es “Matanza-Riachuelo” y en este lugar está la desembocadura que tributa sus aguas al Río de la Plata. No se sabe bien porqué pero el río de 64 kilómetros de recorrido se llama en su mayor parte “Matanza” y solo la última porción “Riachuelo”, en cualquier caso no es motivo de esta publicación.

Lo cierto es que en esta zona se concentró una buena parte de la inmigración italiana que decidió quedarse en la Capital Federal, principalmente originarios de Génova. Desde 1860 comenzó un éxodo de italianos hacia estas tierras que se acrecentó notoriamente en 1870 y continuó por varias décadas más. De hecho, los ítalo-descendientes son la mayor comunidad europea en la Argentina, superando incluso a los descendientes de españoles.

El Club Atlético Boca Juniors tiene una innumerable cantidad de simpatizantes, los propios “xeneizes” dicen que son “la mitad más uno del país” en alusión a esa mayoría que algunas estadísticas demuestran que se acerca mucho a la verdad, por supuesto no a la mitad del país pero si a la mayoría respecto a todos los demás clubes. La palabra xeneize que identifica a los simpatizantes de Boca Juniors en dialecto genovés justamente significa eso: “genovés”, lo que demuestra taxativamente el origen del club y de sus fundadores.

Estadio del Club Atlético Boca Juniors

La Boca pese al origen migrante y humilde de sus pobladores tuvo una época de buen desarrollo motivado principalmente por su activo puerto, etapa que quedó inmortalizada en las pinturas del extraordinario Benito “Quinquela” Martín. Parte de ese desarrollo quedó plasmado en algunas construcciones de esa época como por el ejemplo el teatro “José Verdi” construido en 1901 en honor al gran compositor italiano Giuseppe Verdi. El teatro posee varias salas y cada una de ellas tiene por nombre alguna obra del genial músico: La Traviata, Aída, Rigoletto y Falstaff. Verdi fue nombrado presidente honorario y un busto suyo adorna la fachada, en alguna oportunidad se dijo que “La Verdi” como se lo llama aún hoy coloquialmente, era una versión barrial del teatro Colón.

Busto de Giuseppe Verdi sobre el teatro del mismo nombre

De esa época (1908) también queda en pie un castillo con almenas y torres que se encuentra en la intercepción de las calles Benito P. Galdós y W. Villafañe, este castillo conserva además la leyenda de un fantasma.

Otro edificio de la época de características neoclásicas es el centro de maquinistas navales que erigieron la construcción dotándola de un estilo sobrio, elegante y sólido siguiendo el mismo lineamiento de otras obras que querían trasmitir el mensaje de prestigio y firmeza.

Por último la Iglesia y el colegio donde realicé mi educación secundaria: San Juan Evangelista, obra de Don Bosco cuyas primeras construcciones datan del año 1877. Con los años y la necesidad de crecimiento para albergar cada vez más estudiantes se fue modificando y hoy queda poco y nada del original pero la parroquia sigue siendo la misma.

Parroquia San Juan Evangelista

Esas construcciones y algunas otras que no describo aquí continúan en la Boca, quedan pocos descendientes de aquellos primeros “tanos” como cariñosamente se los llama a los que llegaron de Italia en busca de “la américa"y por supuesto a sus descendientes.. Hoy otras migraciones más recientes, fundamentalmente de latinoamericanos los han reemplazado.

La Boca ha perdido muchos rasgos distintivos de esa época y ahora divaga en una mezcla distinta de costumbres buscando una nueva identidad, son otros tiempos.

Quedan aun algunas costumbres de antaño como por ejemplo las típicas pizzerías de las cuales la de la fotografía es la más tradicional.

Pizzería Banchero

Este pequeño distrito de la zona sur de la Capital Federal o CABA (Ciudad Autónoma de Buenos Aires) encierra una muy rica historia y es probablemente uno de los barrios emblemáticos de los porteños.

Hoy en día el barrio es conocido e intesamente nombrado porque allí tiene su estadio y su sede social uno de los dos clubes de fútbol más importantes de la Argentina y probablemente del mundo. También por el paseo turístico de “Caminito”, una pequeña zona de pocas cuadras a la redonda donde se conservan viviendas en el estado original de cuando se produjo la inmigración italiana de fines del siglo XIX y principios del XX.

Caminito

Sin embargo la historia del barrio es muy rica y excede el ámbito descripto.

El barrio “Boca del Riachuelo”, su verdadera designación que luego se simplificó a “La Boca” debe su denominación al río que sirve de separación o límite natural entre CABA y la provincia de Buenos Aires, el nombre de este río es “Matanza-Riachuelo” y en este lugar está la desembocadura que tributa sus aguas al Río de la Plata. No se sabe bien porqué pero el río de 64 kilómetros de recorrido se llama en su mayor parte “Matanza” y solo la última porción “Riachuelo”, en cualquier caso no es motivo de esta publicación.

Lo cierto es que en esta zona se concentró una buena parte de la inmigración italiana que decidió quedarse en la Capital Federal, principalmente originarios de Génova. Desde 1860 comenzó un éxodo de italianos hacia estas tierras que se acrecentó notoriamente en 1870 y continuó por varias décadas más. De hecho, los ítalo-descendientes son la mayor comunidad europea en la Argentina, superando incluso a los descendientes de españoles.

El Club Atlético Boca Juniors tiene una innumerable cantidad de simpatizantes, los propios “xeneizes” dicen que son “la mitad más uno del país” en alusión a esa mayoría que algunas estadísticas demuestran que se acerca mucho a la verdad, por supuesto no a la mitad del país pero si a la mayoría respecto a todos los demás clubes. La palabra xeneize que identifica a los simpatizantes de Boca Juniors en dialecto genovés justamente significa eso: “genovés”, lo que demuestra taxativamente el origen del club y de sus fundadores.

Estadio del Club Atlético Boca Juniors

La Boca pese al origen migrante y humilde de sus pobladores tuvo una época de buen desarrollo motivado principalmente por su activo puerto, etapa que quedó inmortalizada en las pinturas del extraordinario Benito “Quinquela” Martín. Parte de ese desarrollo quedó plasmado en algunas construcciones de esa época como por el ejemplo el teatro “José Verdi” construido en 1901 en honor al gran compositor italiano Giuseppe Verdi. El teatro posee varias salas y cada una de ellas tiene por nombre alguna obra del genial músico: La Traviata, Aída, Rigoletto y Falstaff. Verdi fue nombrado presidente honorario y un busto suyo adorna la fachada, en alguna oportunidad se dijo que “La Verdi” como se lo llama aún hoy coloquialmente, era una versión barrial del teatro Colón.

Busto de Giuseppe Verdi sobre el teatro del mismo nombre

De esa época (1908) también queda en pie un castillo con almenas y torres que se encuentra en la intercepción de las calles Benito P. Galdós y W. Villafañe, este castillo conserva además la leyenda de un fantasma.

Otro edificio de la época de características neoclásicas es el centro de maquinistas navales que erigieron la construcción dotándola de un estilo sobrio, elegante y sólido siguiendo el mismo lineamiento de otras obras que querían trasmitir el mensaje de prestigio y firmeza.

Por último la Iglesia y el colegio donde realicé mi educación secundaria: San Juan Evangelista, obra de Don Bosco cuyas primeras construcciones datan del año 1877. Con los años y la necesidad de crecimiento para albergar cada vez más estudiantes se fue modificando y hoy queda poco y nada del original pero la parroquia sigue siendo la misma.

Parroquia San Juan Evangelista

Esas construcciones y algunas otras que no describo aquí continúan en la Boca, quedan pocos descendientes de aquellos primeros “tanos” como cariñosamente se los llama a los que llegaron de Italia en busca de “la américa"y por supuesto a sus descendientes.. Hoy otras migraciones más recientes, fundamentalmente de latinoamericanos los han reemplazado.

La Boca ha perdido muchos rasgos distintivos de esa época y ahora divaga en una mezcla distinta de costumbres buscando una nueva identidad, son otros tiempos.

Quedan aun algunas costumbres de antaño como por ejemplo las típicas pizzerías de las cuales la de la fotografía es la más tradicional.

Pizzería Banchero

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13 de diciembre de 2025

Recorriendo Buenos Aires: El palacio Bosch

El 10 de setiembre de 1894 se casaron en la iglesia De la Merced Elisa de Alvear con Ernesto Mauricio Carlos del Corazón de Jesús Bosch Peña y el flamante matrimonio se convirtió en uno de los principales animadores de la actividad social de mayor nivel en la Argentina.

Palacio Bosch en la actualidad

Fuente

Si bien Ernesto era un joven de 31 años de edad, llevaba diez años de carrera en la Cancillería y su momento de mayor actividad profesional se desarrolló entre los años 1906 y 1910 como ministro plenipotenciario ante la República Francesa, en época en que los argentinos de alta alcurnia viajaban a París tan asiduamente como lo hacen hoy a Mar del Plata gran parte de los veraneantes vernáculos.

Para esa época el matrimonio vivía en Francia y se encargaba de realizar las recepciones a toda personalidad argentina que llegaba a las tierras francesas además de participar en todas las actividades oficiales que el rango de Ernesto obligaba por protocolo.

Para los actos del centenario de la independencia, el matrimonio Bosch regresa al país y Roque Saenz Peña que era el presidente electo y asumiría en el siguiente octubre le ofrece a Ernesto ser ministro de relaciones exteriores, cosa que el diplomático aceptó.

Entonces, el matrimonio Bosch-Alvear decide construir un palacio que les permitiera vivir como en París y poder continuar con sus famosas recepciones. El lugar elegido estaba un poco alejado del centro de la ciudad y un tanto retirado del ajetreo político de entonces pero Ernesto se había enamorado del entorno cuando en la mañana del 26 de mayo integró la comitiva que colocó la piedra fundamental de lo que luego sería el Monumento a los Españoles y paseó junto a la Infanta Isabel de Borbón. Era el parque 3 de Febrero, hoy en día conocido como los Bosques de Palermo.

Interiores del palacio Bosch

Fuente

Compró los terrenos en lo que hoy son las calles Libertador y Darregueyra y regresó a París para contratar al arquitecto de moda, el excelso René Sergent quien luego construiría además otros palacios imponentes para la más alta sociedad argentina.

La construcción comenzó en 1911 y la inauguración oficial se realizó el 6 de setiembre de 1918 con motivo del baile de presentación en sociedad de María Elisa Bosch Alvear de 22 años e hija mayor del matrimonio. En esa oportunidad se inauguró el salón de baile que había sido diseñado especialmente para esos fines, era la primera vez que un palacio en la Argentina tenía una habitación diseñada con esas características.

En la mansión continuaron las fiestas y agasajos además de la presentación en sociedad de otras dos hijas del matrimonio. En 1922 el primo de Elisa, Marcelo Torcuato de Alvear asumía la presidencia y durante su mandato vino invitado a la Argentina el duque Humberto de Saboya, era un gran acontecimiento y el presidente le pidió prestado el palacio a su prima para albergar al visitante ilustre.

Seguramente el matrimonio Bosch hubiera vivido eternamente en el palacio pero la obstinación de Robert Woods Bliss, embajador de los Estados Unidos pudo más. Bliss quería comprar el palacio a toda costa para establecer allí la embajada americana y tanto insistió hasta que logró que Bosch pusiera precio a la mansión, éste para sacárselo de encima dispuso una cotización altísima que excedía en más del doble al precio real pero no le quedó otra salida que venderla cuando Bliss a las dos semanas le dijo que aceptaba la oferta.

La esposa de Bosch se enojó muchísimo pero comprendió que su esposo no podía faltar a su palabra, le exigió que le construyera otro palacio de similares características. Se mudaron a un nuevo palacio ubicado en las calles Montevideo y Quintana aunque no fue lo mismo.

Desde 1929 el palacio Bosch es la residencia de los embajadores de Estados Unidos de Norteamérica.

La propiedad está administrada por Overseas Buildings Operations una oficina gubernamental que regentea más de 3500 propiedades norteamericanas en todo el mundo. Esta propiedad está entre los 33 patrominios considerados “culturalmente significativos” tanto por la exquisita riqueza de su arquitectura neoclásica como también por sus muebles y piezas de arte, casi todas adquiridas en Europa por el matrimonio Bosch-Alvear.

El 10 de setiembre de 1894 se casaron en la iglesia De la Merced Elisa de Alvear con Ernesto Mauricio Carlos del Corazón de Jesús Bosch Peña y el flamante matrimonio se convirtió en uno de los principales animadores de la actividad social de mayor nivel en la Argentina.

Palacio Bosch en la actualidad

Fuente

Si bien Ernesto era un joven de 31 años de edad, llevaba diez años de carrera en la Cancillería y su momento de mayor actividad profesional se desarrolló entre los años 1906 y 1910 como ministro plenipotenciario ante la República Francesa, en época en que los argentinos de alta alcurnia viajaban a París tan asiduamente como lo hacen hoy a Mar del Plata gran parte de los veraneantes vernáculos.

Para esa época el matrimonio vivía en Francia y se encargaba de realizar las recepciones a toda personalidad argentina que llegaba a las tierras francesas además de participar en todas las actividades oficiales que el rango de Ernesto obligaba por protocolo.

Para los actos del centenario de la independencia, el matrimonio Bosch regresa al país y Roque Saenz Peña que era el presidente electo y asumiría en el siguiente octubre le ofrece a Ernesto ser ministro de relaciones exteriores, cosa que el diplomático aceptó.

Entonces, el matrimonio Bosch-Alvear decide construir un palacio que les permitiera vivir como en París y poder continuar con sus famosas recepciones. El lugar elegido estaba un poco alejado del centro de la ciudad y un tanto retirado del ajetreo político de entonces pero Ernesto se había enamorado del entorno cuando en la mañana del 26 de mayo integró la comitiva que colocó la piedra fundamental de lo que luego sería el Monumento a los Españoles y paseó junto a la Infanta Isabel de Borbón. Era el parque 3 de Febrero, hoy en día conocido como los Bosques de Palermo.

Interiores del palacio Bosch

Fuente

Compró los terrenos en lo que hoy son las calles Libertador y Darregueyra y regresó a París para contratar al arquitecto de moda, el excelso René Sergent quien luego construiría además otros palacios imponentes para la más alta sociedad argentina.

La construcción comenzó en 1911 y la inauguración oficial se realizó el 6 de setiembre de 1918 con motivo del baile de presentación en sociedad de María Elisa Bosch Alvear de 22 años e hija mayor del matrimonio. En esa oportunidad se inauguró el salón de baile que había sido diseñado especialmente para esos fines, era la primera vez que un palacio en la Argentina tenía una habitación diseñada con esas características.

En la mansión continuaron las fiestas y agasajos además de la presentación en sociedad de otras dos hijas del matrimonio. En 1922 el primo de Elisa, Marcelo Torcuato de Alvear asumía la presidencia y durante su mandato vino invitado a la Argentina el duque Humberto de Saboya, era un gran acontecimiento y el presidente le pidió prestado el palacio a su prima para albergar al visitante ilustre.

Seguramente el matrimonio Bosch hubiera vivido eternamente en el palacio pero la obstinación de Robert Woods Bliss, embajador de los Estados Unidos pudo más. Bliss quería comprar el palacio a toda costa para establecer allí la embajada americana y tanto insistió hasta que logró que Bosch pusiera precio a la mansión, éste para sacárselo de encima dispuso una cotización altísima que excedía en más del doble al precio real pero no le quedó otra salida que venderla cuando Bliss a las dos semanas le dijo que aceptaba la oferta.

La esposa de Bosch se enojó muchísimo pero comprendió que su esposo no podía faltar a su palabra, le exigió que le construyera otro palacio de similares características. Se mudaron a un nuevo palacio ubicado en las calles Montevideo y Quintana aunque no fue lo mismo.

Desde 1929 el palacio Bosch es la residencia de los embajadores de Estados Unidos de Norteamérica.

La propiedad está administrada por Overseas Buildings Operations una oficina gubernamental que regentea más de 3500 propiedades norteamericanas en todo el mundo. Esta propiedad está entre los 33 patrominios considerados “culturalmente significativos” tanto por la exquisita riqueza de su arquitectura neoclásica como también por sus muebles y piezas de arte, casi todas adquiridas en Europa por el matrimonio Bosch-Alvear.

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6 de diciembre de 2025

El Pehuén del Traful

Como he mencionado en alguna oportunidad, la mesa redonda ubicada en el patio de la casa de mi amiga Raine Golab en la Aldea Escolar, muy próxima del pueblo de Trevelin en Chubut, era lugar habitual de reunión entre amigos y visitantes que se llegaban hasta allí para saludar y conversar con la anfitriona y tantos otros maravillosos personajes que se eternizaban en la ronda de mate e historias increíbles.

Ya conté en alguna oportunidad sobre el duende de Bod Eglwur, es hora de relatar lo más fielmente posible, otra historia que escuché de boca de un amigo de la casa.

Alberto iba por primera vez a pescar a la Patagonia, antes de viajar había preparado cuidadosamente su itinerario y se había nutrido de consejos y comentarios útiles de amigos virtuales de la lista de correos “fogón mosquero” donde participaba desde hacía algunos meses.

José Luis “potro” López Reale era uno de esos pocos amigos virtuales que antes de conocerte ya te brindan todos sus conocimientos creados a partir de vivir tanto tiempo por la zona y recorrer y pescar hasta el cansancio. Precisamente él fue quien le escribió varias carillas con la descripción, consejos y trucos necesarios como para debutar correctamente en esa nueva actividad que nuestro amigo Alberto había abrazado con tanto entusiasmo y dedicación.

Alberto, junto a su joven hijo y un amigo de éste, llegó hasta el lago Traful siguiendo esas precisas indicaciones, encontró fácilmente el puente sobre el arroyo Cataratas, el pequeño estacionamiento y el mirador, dejó su vehículo y los tres bajaron por la pendiente manteniendo siempre el arroyo a su izquierda, tal como las detalladas instrucciones alertaban.

Pescaron toda la tarde y les fue tan bien que olvidaron la hora y perdieron la ubicación del arroyo, tan entusiasmados estaban por lo admirable del paisaje y la buena pescar. Solo el fresco que suele levantarse en la Patagonia aun en pleno verano los alertaron que la noche se aproximaba.

Araucaria o Pehuén

Recogieron sus equipos y comenzaron a buscar el arroyo, pero la oscuridad aparece rápido en las montañas y viendo que la luz se retiraba decidió comenzar el ascenso por donde se encontraba con miedo a que la noche los tomara aun en la playa. Cada tanto se escuchaba el ruido del motor de algún vehículo que transitaba por esos aislados parajes y lo alentaban a seguir trepando, pero pronto comprendió, al encontrar una infranqueable pared de cañas colihue, que el asunto no sería sencillo.

Tratando de rodear las cañas dio con una zona húmeda de mallín que lo hizo enterrarse en el barro hasta las rodillas, retrocedió e intentó por el lado contrario pero la vegetación era tan exuberante y cerrada que tampoco pudo continuar, el ruido de un nuevo vehículo que acertaba a pasar por allí le decía que estaba muy cerca aunque no podía distinguir las luces; a esta altura ya era noche cerrada y solo una pequeña linterna lo ayudaba a adivinar el camino.

En todo momento guardó las apariencias y trató de no mostrar desesperación con los jóvenes que solo aguardaban sus instrucciones. Tampoco el oído lo estaba ayudando, no se escuchaba el rumor del agua del arroyo y aunque sabía que se encontraba a su derecha, no se animaba a buscarlo por temor a no encontrarlo en esa oscuridad tan densa.

Finalmente decidió que sería menos peligroso hacer noche por allí para no arriesgar a tener un accidente en la oscuridad y se lo comunicó a los jóvenes que lo tomaron mucho mejor de lo que supuso, era para ellos una especie de aventura adicional.

El principal problema era el frío, agua había la que quisieran del lago y el hambre tampoco era para preocuparse, tenían algunas galletitas y después de todo una noche de ayuno no les vendría mal, más aún luego de las opíparas comidas que venían ingiriendo en los últimos días.

Pero el frío si le preocupaba, no habían llevado abrigos importantes, el calor de la tarde había sido fuerte y no pensaban regresar demasiado tarde.

Comenzó a dirigir el pequeño haz de luz de su linterna buscando algún reparo, una piedra grande, un arbusto frondoso. Tan angustiado estaba que comenzó a rezar pidiendo ayuda a Dios, de pronto observa algo similar a una entrada en una caverna, se acercó rápidamente y comprobó que era un hueco en un árbol enorme, siguió iluminando el tronco hacia arriba y vio unas ramas extrañas apuntando hacia el cielo, jamás había visto un árbol de esas características. Lo importante era que tenía lugar para los tres, estaba limpio y fundamentalmente los abrigaría de la intemperie.

Pasaron una noche sin sobresaltos, conversando, cantando y finalmente se entregaron al sueño. La mañana siguiente amaneció espléndida, no tuvieron inconvenientes en encontrar el arroyo y trepar la ladera siguiendo su curso, a las 9:00 estaban desayunando como tres refugiados en una de las simpáticas y bien provistas cafeterías de la pequeña y bucólica Villa Traful.

Unos años después, siendo Alberto ya un experimentado pescador y conocedor de la Patagonia volvió al lugar pero no encontró el magnífico árbol que los había cobijado, se lo comentó al dueño de la hostería donde estaba alojado extrañado de no haber dado con tan magnífico ejemplar. El señor que era nativo de la zona le pidió que le describiera al árbol y le aseguró que jamás existió allí tal cosa, que ese árbol se llamaba araucaria y que crecía muchos kilómetros al norte de donde ellos estaban. Sin embargo y como al pasar le habló sobre el mito del Pehuén errante, una antigua leyenda pehuenche donde un pequeño guerrero sale en busca de su padre que no había regresado de la temporada de caza y se acercaba el invierno, el niño al borde de desfallecer de frío y en gran riesgo por la presencia del Nahuel (jaguar) entrega como ofrenda su calzado al Pehuén (araucaria) y este lo cobija y le permite a la madre encontrarlo con vida y regresar al hogar bajo la custodia del imponente árbol.

Alberto poco tiempo después viajó al norte de la provincia de Neuquén solo para ver y corroborar que el árbol que lo había ayudado era de esa especie. Más de 20 años después de ese hecho aun regresa ocasionalmente al lago Traful y busca al Pehuén.

Regresando por la noche a Esquel la historia continuaba rondando mi cabeza y me prometí hacer yo también un viaje hasta el lago Traful y bajar hacia la playa siguiendo el curso del Arroyo Cataratas. Estoy seguro que tampoco lo encontraré aunque sé que estará por allí, vigilante, dispuesto a ayudar a todo aquel que necesite cobijo en alguna noche fría y merodee por allí el Nahuel.

Como he mencionado en alguna oportunidad, la mesa redonda ubicada en el patio de la casa de mi amiga Raine Golab en la Aldea Escolar, muy próxima del pueblo de Trevelin en Chubut, era lugar habitual de reunión entre amigos y visitantes que se llegaban hasta allí para saludar y conversar con la anfitriona y tantos otros maravillosos personajes que se eternizaban en la ronda de mate e historias increíbles.

Ya conté en alguna oportunidad sobre el duende de Bod Eglwur, es hora de relatar lo más fielmente posible, otra historia que escuché de boca de un amigo de la casa.

Alberto iba por primera vez a pescar a la Patagonia, antes de viajar había preparado cuidadosamente su itinerario y se había nutrido de consejos y comentarios útiles de amigos virtuales de la lista de correos “fogón mosquero” donde participaba desde hacía algunos meses.

José Luis “potro” López Reale era uno de esos pocos amigos virtuales que antes de conocerte ya te brindan todos sus conocimientos creados a partir de vivir tanto tiempo por la zona y recorrer y pescar hasta el cansancio. Precisamente él fue quien le escribió varias carillas con la descripción, consejos y trucos necesarios como para debutar correctamente en esa nueva actividad que nuestro amigo Alberto había abrazado con tanto entusiasmo y dedicación.

Alberto, junto a su joven hijo y un amigo de éste, llegó hasta el lago Traful siguiendo esas precisas indicaciones, encontró fácilmente el puente sobre el arroyo Cataratas, el pequeño estacionamiento y el mirador, dejó su vehículo y los tres bajaron por la pendiente manteniendo siempre el arroyo a su izquierda, tal como las detalladas instrucciones alertaban.

Pescaron toda la tarde y les fue tan bien que olvidaron la hora y perdieron la ubicación del arroyo, tan entusiasmados estaban por lo admirable del paisaje y la buena pescar. Solo el fresco que suele levantarse en la Patagonia aun en pleno verano los alertaron que la noche se aproximaba.

Araucaria o Pehuén

Recogieron sus equipos y comenzaron a buscar el arroyo, pero la oscuridad aparece rápido en las montañas y viendo que la luz se retiraba decidió comenzar el ascenso por donde se encontraba con miedo a que la noche los tomara aun en la playa. Cada tanto se escuchaba el ruido del motor de algún vehículo que transitaba por esos aislados parajes y lo alentaban a seguir trepando, pero pronto comprendió, al encontrar una infranqueable pared de cañas colihue, que el asunto no sería sencillo.

Tratando de rodear las cañas dio con una zona húmeda de mallín que lo hizo enterrarse en el barro hasta las rodillas, retrocedió e intentó por el lado contrario pero la vegetación era tan exuberante y cerrada que tampoco pudo continuar, el ruido de un nuevo vehículo que acertaba a pasar por allí le decía que estaba muy cerca aunque no podía distinguir las luces; a esta altura ya era noche cerrada y solo una pequeña linterna lo ayudaba a adivinar el camino.

En todo momento guardó las apariencias y trató de no mostrar desesperación con los jóvenes que solo aguardaban sus instrucciones. Tampoco el oído lo estaba ayudando, no se escuchaba el rumor del agua del arroyo y aunque sabía que se encontraba a su derecha, no se animaba a buscarlo por temor a no encontrarlo en esa oscuridad tan densa.

Finalmente decidió que sería menos peligroso hacer noche por allí para no arriesgar a tener un accidente en la oscuridad y se lo comunicó a los jóvenes que lo tomaron mucho mejor de lo que supuso, era para ellos una especie de aventura adicional.

El principal problema era el frío, agua había la que quisieran del lago y el hambre tampoco era para preocuparse, tenían algunas galletitas y después de todo una noche de ayuno no les vendría mal, más aún luego de las opíparas comidas que venían ingiriendo en los últimos días.

Pero el frío si le preocupaba, no habían llevado abrigos importantes, el calor de la tarde había sido fuerte y no pensaban regresar demasiado tarde.

Comenzó a dirigir el pequeño haz de luz de su linterna buscando algún reparo, una piedra grande, un arbusto frondoso. Tan angustiado estaba que comenzó a rezar pidiendo ayuda a Dios, de pronto observa algo similar a una entrada en una caverna, se acercó rápidamente y comprobó que era un hueco en un árbol enorme, siguió iluminando el tronco hacia arriba y vio unas ramas extrañas apuntando hacia el cielo, jamás había visto un árbol de esas características. Lo importante era que tenía lugar para los tres, estaba limpio y fundamentalmente los abrigaría de la intemperie.

Pasaron una noche sin sobresaltos, conversando, cantando y finalmente se entregaron al sueño. La mañana siguiente amaneció espléndida, no tuvieron inconvenientes en encontrar el arroyo y trepar la ladera siguiendo su curso, a las 9:00 estaban desayunando como tres refugiados en una de las simpáticas y bien provistas cafeterías de la pequeña y bucólica Villa Traful.

Unos años después, siendo Alberto ya un experimentado pescador y conocedor de la Patagonia volvió al lugar pero no encontró el magnífico árbol que los había cobijado, se lo comentó al dueño de la hostería donde estaba alojado extrañado de no haber dado con tan magnífico ejemplar. El señor que era nativo de la zona le pidió que le describiera al árbol y le aseguró que jamás existió allí tal cosa, que ese árbol se llamaba araucaria y que crecía muchos kilómetros al norte de donde ellos estaban. Sin embargo y como al pasar le habló sobre el mito del Pehuén errante, una antigua leyenda pehuenche donde un pequeño guerrero sale en busca de su padre que no había regresado de la temporada de caza y se acercaba el invierno, el niño al borde de desfallecer de frío y en gran riesgo por la presencia del Nahuel (jaguar) entrega como ofrenda su calzado al Pehuén (araucaria) y este lo cobija y le permite a la madre encontrarlo con vida y regresar al hogar bajo la custodia del imponente árbol.

Alberto poco tiempo después viajó al norte de la provincia de Neuquén solo para ver y corroborar que el árbol que lo había ayudado era de esa especie. Más de 20 años después de ese hecho aun regresa ocasionalmente al lago Traful y busca al Pehuén.

Regresando por la noche a Esquel la historia continuaba rondando mi cabeza y me prometí hacer yo también un viaje hasta el lago Traful y bajar hacia la playa siguiendo el curso del Arroyo Cataratas. Estoy seguro que tampoco lo encontraré aunque sé que estará por allí, vigilante, dispuesto a ayudar a todo aquel que necesite cobijo en alguna noche fría y merodee por allí el Nahuel.

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