Haber elegido trabajar en el verano en El Bolsón, Río Negro, fue una decisión muy acertada. Este lugar es una pequeña ciudad que está "en el medio", perfecta para ir a otras ciudades más grandes en algunas horas de micro. La mayoría de la gente que viaja al sur de Argentina suele elegir Bariloche porque es una ciudad más grande y completa, pero a mi me gustó más la tranquilidad de El Bolsón, con la posibilidad de acercarme hasta allá en apenas dos horas. Si bien ya fui varias veces a Bariloche (y tengo planeado seguir yendo), uno nunca podría aburrirse porque hay tantas cosas para hacer que el paseo siempre termina valiendo la pena ❤️.
Durante mi experiencia voluntariando en hostels para extender mi estadía en cada lugar, conocí a un montón de gente y algunos de ellos siguen siendo mis amigos hasta el día de hoy. Uno de ellos es mi amigo Benji, con quién nos conocimos en un hostel de El Bolsón. Luego de dos semanas, a ninguno de los dos nos gustó las condiciones de trabajo en ese lugar, así que ambos nos mudamos. Yo todavía tenía ganas de conocer El Bolsón, así que me conseguí otro hostel por la zona, mientras que él prefirió irse para Bariloche. A pesar de todo, nos hicimos buenos amigos y nunca pedimos el contacto .
Una idea que tuvimos los dos fue la de organizar nuestro cronograma de trabajo para que nos coincidieran los días libres y pudiéramos reunirnos. Ya habíamos estado juntos en El Bolsón, así que el plan fue que yo fuera hasta Bariloche. Coordinando con mis compañeras, logré tener 3 días libres seguidos así que los aproveché para ir a visitar a mi amigo. El pasaje El Bolsón-Bariloche solo costaba $5 y en dos horas llegabas, así que era muy sencillo ir. Además, me hospedaría en el hostel donde trabajaba él, pagando unos $12 por noche. No sería tanto gasto y estaba segura de que la pasaríamos bien .
Mi nuevo amigo Benji es bastante aventurero como yo y ambos disfrutamos las caminatas largas, así que aprovechamos nuestros días juntos para hacer algunas de ellas. Las veces anteriores que yo estuve en Bariloche siempre había sido con mi familia, así que nunca había tenido la oportunidad de ir a visitar los lugares más lejanos de la zona. Ahora, nos habíamos juntado dos niños caminantes así que no había que perder la oportunidad .
El primer día que fui a Bariloche llegué por la tarde después de haber trabajado por la mañana, así que solo usamos nuestro tiempo para ir a tomar mates al lado. Al segundo día, ya nos planificamos una de las caminatas largas que sería hasta el Refugio Frey. Al igual que en El Bolsón, en Bariloche hay unos cuantos refugios de montaña que requieren caminatas largas para llegar hasta ellos, en donde podes quedarte acampando o pasando la noche. La caminata hasta el Refugio Frey se puede hacer ida y vuelta en el día, así que eso hicimos .
Una de las formas de llegar hasta este refugio es empezando la caminata en la base del Cerro Catedral. Este cerro es muy famoso porque alberga al centro de ski más grande de Sudamérica, pero en verano parece un desierto porque no hay nada de nieve. Nos tomamos un colectivo de línea que en ese momento nos costó unos $2.5 y para las 12 PM ya estábamos empezando nuestra caminata. Primero bordeamos gran parte del Lago Gutiérrez, para luego meternos en el bosque durante algunos kilómetros .
La duración estimada de esta caminata es de 4 horas, aunque se puede hacer en un poco menos porque el terreno no es para nada complicado. Cuando falta una hora de caminata, te encontras con un antiguo refugio abandonado, donde la mayoría para a descansar un poco antes de que llegue el desnivel final. El Refugio Petricek tiene una construcción interesante, porque usa el espacio debajo de una piedra como reparo. En internet figura como en desuso, pero seguramente no faltaran aquellos que lo usan para dormir igual .
Hasta el Refugio Petricek, el camino es bastante fácil, pero a partir de ahí empieza la peor parte para las piernas. Siempre que llega el momento de subir se da una combinación de cansancio con euforia por querer terminar de completar el camino. Además, esta zona era al rayo del sol de verano, así que el calor volvía todo peor. Igualmente imposible no es, solo hay que tener paciencia porque lo mejor está al final ❣️.
Tres horas y media después de empezar la caminata, finalmente llegamos al refugio. Este establecimiento es pequeño, pero mucho más elegante que todos los que ví en El Bolsón. Su ubicación es muy hermosa, rodeada de unas montañas macizas y al pie de una laguna. En cuanto al pernocte, este lugar también era bastante más costoso que en los refugios de El Bolsón. Dormir puertas adentro costaba $28 (en El Bolsón $15), mientras que acampar era gratis (y en El Bolsón cobraban $8). También contaba con algunos elementos básicos para comprar, pero lo mejor siempre es subir con tus propias cosas .
Si bien el día estaba muy caluroso, la laguna estaba congelada por lo que casi nadie se metía. El nombre de esta laguna es Toncek, y en sus carteles de advertencia indicaba aguas muy profundas y helada. Igualmente me amigo y yo aprovechamos para mojarnos un poco los pies y refrescarnos, pero les juro que después de un rato ahí metido perdías toda la sensibilidad. La laguna era linda para verla, pero no tanto como para nadar en ella .
Mi amigo y yo llegamos al refugio a las 3.30 PM y nos quedamos hasta casi las 5.30 PM, hora que nos condicionó a volver si queríamos conseguir un colectivo en la base del Cerro Catedral. El último servicio que teníamos era a las 8 PM, por lo que teníamos dos horas y media para caminar lo que a la ida nos tomó tres horas y media. Las vueltas con lauramica siempre son así, adrenalínicas: hicimos todo el camino a las corridas y llegamos justo a tiempo. Las que no salieron para nada ilesas de mugre fueron mis botas, pero al menos no me hicieron resbalar en ningún momento .
This is the way up / This is the way down
Así subimos / Así bajamos
Demás está decir que me alegré por haber conocido a mi amigo Benji ya que fue un compañero ideal para esta caminata. Creo que los dos nos entendimos muy bien y en todo el tiempo que pasamos juntos las risas no faltaron. Quizás porque ambos somos geminianos de buen humor y con gusto por la naturaleza, lo que nos hizo disfrutar la experiencia por igual. El Refugio Frey es muy hermoso y me alegró tener la oportunidad de haberlo conocido: una de las postales más lindas de estos trekkings














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