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28 de marzo de 2026

Paseo por el delta del Río Paraná

El Paraná es el segundo río más largo de Sudamérica, solo superado por el majestuoso Amazonas. Nace en el centro de Brasil, en pleno Mato Grosso y luego de recorrer casi 4.000 kilómetros pasando también por Paraguay, desemboca en forma de delta en el Río de la Plata.

El Delta del Paraná es un inmenso conjunto de islas que forman una red de pequeños canales, angostos y tortuosos, cubiertos por densa vegetación. Este fenómeno geográfico se inicia a la altura de la ciudad de Diamante, en la provincia de Entre Ríos, y se extiende hasta la confluencia del Paraná con el Uruguay, entre la barranca pampeana y la mesopotámica, con una longitud que se aproxima a los 400 kilómetros en sentido noroeste-sudeste y una superficie de 17.000 kilómetros cuadrados, ocupando parte de los territorios de las provincias de Buenos Aires y Entre Ríos.

Se lo divide en superior, medio e inferior. El primero se extiende hasta Villa Constitución, el segundo, desde esta localidad santafecina hasta aproximadamente la ciudad entrerriana de Ibicuy y el sector inferior es el comprendido entre esta última localidad y el partido bonaerense de Tigre.

El Delta del Paraná es un inmenso conjunto de islas que forman una red de pequeños canales, angostos y tortuosos, cubiertos por densa vegetación. Este fenómeno geográfico se inicia a la altura de la ciudad de Diamante, en la provincia de Entre Ríos, y se extiende hasta la confluencia del Paraná con el Uruguay, entre la barranca pampeana y la mesopotámica, con una longitud que se aproxima a los 400 kilómetros en sentido noroeste-sudeste y una superficie de 17.000 kilómetros cuadrados, ocupando parte de los territorios de las provincias de Buenos Aires y Entre Ríos.

Se lo divide en superior, medio e inferior. El primero se extiende hasta Villa Constitución, el segundo, desde esta localidad santafecina hasta aproximadamente la ciudad entrerriana de Ibicuy y el sector inferior es el comprendido entre esta última localidad y el partido bonaerense de Tigre.

El delta del Paraná es un intrincado grupo de arroyos, canales e islas que está en permanente crecimiento debido a la gran cantidad de sedimentos que el río transporta.

Muchas de las islas están habitadas, algunas por antiguos pobladores a los que se les suele llamar "isleños" pero en los últimos años también ha habido un gran crecimiento de propietarios de casas de fin de semana y veraneo.

El Delta del Paraná es un inmenso conjunto de islas que forman una red de pequeños canales, angostos y tortuosos, cubiertos por densa vegetación. Este fenómeno geográfico se inicia a la altura de la ciudad de Diamante, en la provincia de Entre Ríos, y se extiende hasta la confluencia del Paraná con el Uruguay, entre la barranca pampeana y la mesopotámica, con una longitud que se aproxima a los 400 kilómetros en sentido noroeste-sudeste y una superficie de 17.000 kilómetros cuadrados, ocupando parte de los territorios de las provincias de Buenos Aires y Entre Ríos.

Se lo divide en superior, medio e inferior. El primero se extiende hasta Villa Constitución, el segundo, desde esta localidad santafecina hasta aproximadamente la ciudad entrerriana de Ibicuy y el sector inferior es el comprendido entre esta última localidad y el partido bonaerense de Tigre.

El Delta del Paraná es un inmenso conjunto de islas que forman una red de pequeños canales, angostos y tortuosos, cubiertos por densa vegetación. Este fenómeno geográfico se inicia a la altura de la ciudad de Diamante, en la provincia de Entre Ríos, y se extiende hasta la confluencia del Paraná con el Uruguay, entre la barranca pampeana y la mesopotámica, con una longitud que se aproxima a los 400 kilómetros en sentido noroeste-sudeste y una superficie de 17.000 kilómetros cuadrados, ocupando parte de los territorios de las provincias de Buenos Aires y Entre Ríos.

Se lo divide en superior, medio e inferior. El primero se extiende hasta Villa Constitución, el segundo, desde esta localidad santafecina hasta aproximadamente la ciudad entrerriana de Ibicuy y el sector inferior es el comprendido entre esta última localidad y el partido bonaerense de Tigre.

El Delta del Paraná es un inmenso conjunto de islas que forman una red de pequeños canales, angostos y tortuosos, cubiertos por densa vegetación. Este fenómeno geográfico se inicia a la altura de la ciudad de Diamante, en la provincia de Entre Ríos, y se extiende hasta la confluencia del Paraná con el Uruguay, entre la barranca pampeana y la mesopotámica, con una longitud que se aproxima a los 400 kilómetros en sentido noroeste-sudeste y una superficie de 17.000 kilómetros cuadrados, ocupando parte de los territorios de las provincias de Buenos Aires y Entre Ríos.

Se lo divide en superior, medio e inferior. El primero se extiende hasta Villa Constitución, el segundo, desde esta localidad santafecina hasta aproximadamente la ciudad entrerriana de Ibicuy y el sector inferior es el comprendido entre esta última localidad y el partido bonaerense de Tigre.

El Paraná es el segundo río más largo de Sudamérica, solo superado por el majestuoso Amazonas. Nace en el centro de Brasil, en pleno Mato Grosso y luego de recorrer casi 4.000 kilómetros pasando también por Paraguay, desemboca en forma de delta en el Río de la Plata.

El Delta del Paraná es un inmenso conjunto de islas que forman una red de pequeños canales, angostos y tortuosos, cubiertos por densa vegetación. Este fenómeno geográfico se inicia a la altura de la ciudad de Diamante, en la provincia de Entre Ríos, y se extiende hasta la confluencia del Paraná con el Uruguay, entre la barranca pampeana y la mesopotámica, con una longitud que se aproxima a los 400 kilómetros en sentido noroeste-sudeste y una superficie de 17.000 kilómetros cuadrados, ocupando parte de los territorios de las provincias de Buenos Aires y Entre Ríos.

Se lo divide en superior, medio e inferior. El primero se extiende hasta Villa Constitución, el segundo, desde esta localidad santafecina hasta aproximadamente la ciudad entrerriana de Ibicuy y el sector inferior es el comprendido entre esta última localidad y el partido bonaerense de Tigre.

El Delta del Paraná es un inmenso conjunto de islas que forman una red de pequeños canales, angostos y tortuosos, cubiertos por densa vegetación. Este fenómeno geográfico se inicia a la altura de la ciudad de Diamante, en la provincia de Entre Ríos, y se extiende hasta la confluencia del Paraná con el Uruguay, entre la barranca pampeana y la mesopotámica, con una longitud que se aproxima a los 400 kilómetros en sentido noroeste-sudeste y una superficie de 17.000 kilómetros cuadrados, ocupando parte de los territorios de las provincias de Buenos Aires y Entre Ríos.

Se lo divide en superior, medio e inferior. El primero se extiende hasta Villa Constitución, el segundo, desde esta localidad santafecina hasta aproximadamente la ciudad entrerriana de Ibicuy y el sector inferior es el comprendido entre esta última localidad y el partido bonaerense de Tigre.

El delta del Paraná es un intrincado grupo de arroyos, canales e islas que está en permanente crecimiento debido a la gran cantidad de sedimentos que el río transporta.

Muchas de las islas están habitadas, algunas por antiguos pobladores a los que se les suele llamar "isleños" pero en los últimos años también ha habido un gran crecimiento de propietarios de casas de fin de semana y veraneo.

El Delta del Paraná es un inmenso conjunto de islas que forman una red de pequeños canales, angostos y tortuosos, cubiertos por densa vegetación. Este fenómeno geográfico se inicia a la altura de la ciudad de Diamante, en la provincia de Entre Ríos, y se extiende hasta la confluencia del Paraná con el Uruguay, entre la barranca pampeana y la mesopotámica, con una longitud que se aproxima a los 400 kilómetros en sentido noroeste-sudeste y una superficie de 17.000 kilómetros cuadrados, ocupando parte de los territorios de las provincias de Buenos Aires y Entre Ríos.

Se lo divide en superior, medio e inferior. El primero se extiende hasta Villa Constitución, el segundo, desde esta localidad santafecina hasta aproximadamente la ciudad entrerriana de Ibicuy y el sector inferior es el comprendido entre esta última localidad y el partido bonaerense de Tigre.

El Delta del Paraná es un inmenso conjunto de islas que forman una red de pequeños canales, angostos y tortuosos, cubiertos por densa vegetación. Este fenómeno geográfico se inicia a la altura de la ciudad de Diamante, en la provincia de Entre Ríos, y se extiende hasta la confluencia del Paraná con el Uruguay, entre la barranca pampeana y la mesopotámica, con una longitud que se aproxima a los 400 kilómetros en sentido noroeste-sudeste y una superficie de 17.000 kilómetros cuadrados, ocupando parte de los territorios de las provincias de Buenos Aires y Entre Ríos.

Se lo divide en superior, medio e inferior. El primero se extiende hasta Villa Constitución, el segundo, desde esta localidad santafecina hasta aproximadamente la ciudad entrerriana de Ibicuy y el sector inferior es el comprendido entre esta última localidad y el partido bonaerense de Tigre.

El Delta del Paraná es un inmenso conjunto de islas que forman una red de pequeños canales, angostos y tortuosos, cubiertos por densa vegetación. Este fenómeno geográfico se inicia a la altura de la ciudad de Diamante, en la provincia de Entre Ríos, y se extiende hasta la confluencia del Paraná con el Uruguay, entre la barranca pampeana y la mesopotámica, con una longitud que se aproxima a los 400 kilómetros en sentido noroeste-sudeste y una superficie de 17.000 kilómetros cuadrados, ocupando parte de los territorios de las provincias de Buenos Aires y Entre Ríos.

Se lo divide en superior, medio e inferior. El primero se extiende hasta Villa Constitución, el segundo, desde esta localidad santafecina hasta aproximadamente la ciudad entrerriana de Ibicuy y el sector inferior es el comprendido entre esta última localidad y el partido bonaerense de Tigre.

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21 de marzo de 2026

Día de Pizza Party en el hostel de Ushuaia: organizar mini eventos con los huéspedes es entretenido.

En uno de esos días en los que tenía muy elevadas mis ganas de cocinar y también de sociabilizar, se me ocurrió la idea de hacer una cena comunitaria en el hostel. Desde que aprendí a hacer pizzas caseras, cada tanto trato de hacer para ver cómo va mi receta, y hasta el momento, viene funcionando muy bien. Esa vez, en los días anteriores habíamos formado un lindo grupo de huéspedes y amigos de Couchsurfing, por lo que me pareció buena idea compartir una comida entre todos. Cocinar para tantas personas requirió muchas manos, pero al final de la jornada todos terminamos con el estómago satisfecho .



$1



Lo que me gusta de la vida de hostel son los momentos que se generan para compartir espontáneamente. Siempre disfruto de las reuniones y de las largas mesas con comida que se generan para intercambiar experiencias de viaje y buenos momentos. Era por eso que siempre que podía, organizaba pequeñas reuniones, pero como no me gustaba que quedara nadie afuera, el día que organicé la cena de pizzas el día anterior extendí una invitación pública para todos. Para poder afrontar los gastos de cocinar para todos, a cada huésped pedí una colaboración de $3.5 para poder comprar los ingredientes que necesitaba.


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Con todo el dinero que reuní, logré comprar 3 kg de harina con levadura, ingredientes para salsa de tomate, queso y algunos ingredientes adicionales para ponerle a las pizzas. Por suerte, algunos de los huéspedes estaban entusiasmados con la idea y me acompañaron a comprar y posteriormente hacer toda la preparación. Mi idea era comer a las 9 PM, por lo que a las 7 ya habíamos empezado con todos los preparativos. Ese día tuve dos ayudantes estrella: Iuri de Brasil y Edgar de Argentina, quienes se encargaron de ayudarme con la cena desde principio a fin. Cada uno de nosotros tres preparó un kilo de masa de donde salieron 4 o 5 pizzas base.


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Este equipo cocinero de pizzas funcionó muy bien y logramos terminar la cena para todos justo a tiempo. En total, logramos hacer unas 14 pizzas y todos comieron hasta que no podían más. Los comensales elogiaron nuestras pizzas caseras, aunque también destacaron la diferencia con las que prueban en sus lugares de origen. En lo personal, siempre prefiero nuestras pizzas caseras con bastante masa gruesa: alguna vez he probado la de estilo yankee y no me gustaron del todo.


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Entre las variedades que hicimos habían pizzas de muzzarella, de tomate, de jamón, huevo y rúcula. Una que a varios les pareció polémica fue la de salchichas con mostaza. Dijeron que era como comer panchos con pizza mezclado, pero a mí me había parecido una buena idea y por eso compré esos ingredientes. De todas formas, a pesar de los comentarios, tampoco quedaron porciones de este sabor, así que tan mal no estaba.


$1 $1 $1


Me alegra decir que al fin de todo, el Pizza Party fue todo un éxito. Sucedió lo que yo esperaba que pase, que todos los huéspedes se reunieran y compartieran un buen momento. Pienso que el ambiente de hostel debe tener esta chispa amigable y ser yo quien proponga la idea para que eso ocurra me hacía feliz. Espero al menos haber logrado un buen recuerdo entre los que pasaron por ahí esos días, y por supuesto, que se acuerden de lo deliciosas que nos quedaron las pizzas hechas con mucho cariño ❤️.



 


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fonte

En uno de esos días en los que tenía muy elevadas mis ganas de cocinar y también de sociabilizar, se me ocurrió la idea de hacer una cena comunitaria en el hostel. Desde que aprendí a hacer pizzas caseras, cada tanto trato de hacer para ver cómo va mi receta, y hasta el momento, viene funcionando muy bien. Esa vez, en los días anteriores habíamos formado un lindo grupo de huéspedes y amigos de Couchsurfing, por lo que me pareció buena idea compartir una comida entre todos. Cocinar para tantas personas requirió muchas manos, pero al final de la jornada todos terminamos con el estómago satisfecho .



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Lo que me gusta de la vida de hostel son los momentos que se generan para compartir espontáneamente. Siempre disfruto de las reuniones y de las largas mesas con comida que se generan para intercambiar experiencias de viaje y buenos momentos. Era por eso que siempre que podía, organizaba pequeñas reuniones, pero como no me gustaba que quedara nadie afuera, el día que organicé la cena de pizzas el día anterior extendí una invitación pública para todos. Para poder afrontar los gastos de cocinar para todos, a cada huésped pedí una colaboración de $3.5 para poder comprar los ingredientes que necesitaba.


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Con todo el dinero que reuní, logré comprar 3 kg de harina con levadura, ingredientes para salsa de tomate, queso y algunos ingredientes adicionales para ponerle a las pizzas. Por suerte, algunos de los huéspedes estaban entusiasmados con la idea y me acompañaron a comprar y posteriormente hacer toda la preparación. Mi idea era comer a las 9 PM, por lo que a las 7 ya habíamos empezado con todos los preparativos. Ese día tuve dos ayudantes estrella: Iuri de Brasil y Edgar de Argentina, quienes se encargaron de ayudarme con la cena desde principio a fin. Cada uno de nosotros tres preparó un kilo de masa de donde salieron 4 o 5 pizzas base.


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Este equipo cocinero de pizzas funcionó muy bien y logramos terminar la cena para todos justo a tiempo. En total, logramos hacer unas 14 pizzas y todos comieron hasta que no podían más. Los comensales elogiaron nuestras pizzas caseras, aunque también destacaron la diferencia con las que prueban en sus lugares de origen. En lo personal, siempre prefiero nuestras pizzas caseras con bastante masa gruesa: alguna vez he probado la de estilo yankee y no me gustaron del todo.


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Entre las variedades que hicimos habían pizzas de muzzarella, de tomate, de jamón, huevo y rúcula. Una que a varios les pareció polémica fue la de salchichas con mostaza. Dijeron que era como comer panchos con pizza mezclado, pero a mí me había parecido una buena idea y por eso compré esos ingredientes. De todas formas, a pesar de los comentarios, tampoco quedaron porciones de este sabor, así que tan mal no estaba.


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Me alegra decir que al fin de todo, el Pizza Party fue todo un éxito. Sucedió lo que yo esperaba que pase, que todos los huéspedes se reunieran y compartieran un buen momento. Pienso que el ambiente de hostel debe tener esta chispa amigable y ser yo quien proponga la idea para que eso ocurra me hacía feliz. Espero al menos haber logrado un buen recuerdo entre los que pasaron por ahí esos días, y por supuesto, que se acuerden de lo deliciosas que nos quedaron las pizzas hechas con mucho cariño ❤️.



 


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14 de marzo de 2026

¿El baile más tradicional de Argentina? Mi primera vez probando Tango fue en Ushuaia.

 

En todo este tiempo relacionándome con turistas me di cuenta de que hay muchas cosas que ellos relacionan con Argentina y que yo, habiendo nacido acá, ni siquiera conozco. Primero me sorprendí con lugares turísticos en Buenos Aires a los que yo nunca fui, e hilando más fino, noté que nunca había tenido ninguna experiencia de nada relacionada con el tango, un baile que todos esperan ver en su paso por esta parte del mapa. Quizás de afuera pueda parecer que esto es algo muy difundido en nuestra cultura, pero al menos para mí, nunca me resultó tan cercano. Tanto fue que recién hace poco pude presenciar una clase de este baile, y hasta me animé a bailar (horriblemente) un poco .



$1



Mi estadía de verano en Ushuaia se estaba haciendo larga y entretenida porque siempre encontraba algo nuevo para hacer. Por supuesto que me encantaba ir a la montaña y caminar durante horas, pero cada tanto, tenía ganas de probar otras cosas. Para este objetivo, usar la aplicación de Couchsurfing fue muy útil, ya que ahí publicaban actividades variadas para hacer en la ciudad. De ahí conocí a mucha gente interesante, con la que planeé muchas actividades hasta literalmente mi último día por ahí.


$1


Era un domingo tranquilo, cuando estaba aburrida en el hostel y entré a Couchsurfing para ver qué había para hacer. Así me enteré sobre una clase gratis de tango por la tarde que, revisando el mapa, quedaba solo a unas cuadras de donde estaba yo. Sonaba interesante, pero no quería ir sola, así que invité a mi nuevo compañero voluntario a ir juntos. Su nombre es Iuri y había llegado de su país Brasil hacía apenas unos días, por lo que la idea de hacer algo local argentino le encantó.


$1


Esta clase se trataba de una seguidilla de algunas clases anteriores a donde asistían más que nada vecinos. En total, la clase duró dos horas: durante la primera, los profesores nos enseñaron un paso básico y en la otra hora, había música para bailar libremente. Mucha gente ya se conocía, pero Iuri y yo éramos los nuevos así que los profesores nos pusieron bastante atención. Pienso que bailar tango es algo muy romántico ya que se baila muy cercano a tu pareja, con una conexión casi seductora, por lo que al principio me daba bastante vergüenza intentarlo pero un rato después me relajé un poco más.


$1 $1


Si bien el Tango es un baile muy hermoso y las puestas en escena de las competencias profesionales son increíbles, mi percepción personal es que este no es un baile tan difundido entre las generaciones más jóvenes. Este baile ni siquiera se enseña un poco en las escuelas, a diferencia de otros bailes tradicionales que tenemos en Argentina, como por ejemplo la chacarera. Actualmente, al menos yo asocio el tango a mis abuelos, quienes si lo escuchaban y por lo que me contaron mis padres, también lo bailaban. Pero durante tu viaje a mi país no esperes que la mayoría de la población escuche o baile Tango: para disfrutar un poco más de esto, tocará buscar un show específico o una clase privada como esta.


$1 $1


Respecto a mi propia experiencia personal intentando bailar Tango, debo decir que creo que lo hice horrible. Este baile requiere mucha técnica y coordinación con tu acompañante, algo que por supuesto en una hora no iba a dominar, pero me puso feliz haberlo intentando. Después de esta clase me gustaría ver un show profesional de Tango, porque ver a los profesores bailar juntos con un alto dominio de esta danza me dejaron ganas de más. Seguramente esto se sume a las cosas turísticas que tengo que hacer en Buenos Aires: una larga lista que sigue creciendo con muchas cosas interesantes para hacer .

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En todo este tiempo relacionándome con turistas me di cuenta de que hay muchas cosas que ellos relacionan con Argentina y que yo, habiendo nacido acá, ni siquiera conozco. Primero me sorprendí con lugares turísticos en Buenos Aires a los que yo nunca fui, e hilando más fino, noté que nunca había tenido ninguna experiencia de nada relacionada con el tango, un baile que todos esperan ver en su paso por esta parte del mapa. Quizás de afuera pueda parecer que esto es algo muy difundido en nuestra cultura, pero al menos para mí, nunca me resultó tan cercano. Tanto fue que recién hace poco pude presenciar una clase de este baile, y hasta me animé a bailar (horriblemente) un poco .



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Mi estadía de verano en Ushuaia se estaba haciendo larga y entretenida porque siempre encontraba algo nuevo para hacer. Por supuesto que me encantaba ir a la montaña y caminar durante horas, pero cada tanto, tenía ganas de probar otras cosas. Para este objetivo, usar la aplicación de Couchsurfing fue muy útil, ya que ahí publicaban actividades variadas para hacer en la ciudad. De ahí conocí a mucha gente interesante, con la que planeé muchas actividades hasta literalmente mi último día por ahí.


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Era un domingo tranquilo, cuando estaba aburrida en el hostel y entré a Couchsurfing para ver qué había para hacer. Así me enteré sobre una clase gratis de tango por la tarde que, revisando el mapa, quedaba solo a unas cuadras de donde estaba yo. Sonaba interesante, pero no quería ir sola, así que invité a mi nuevo compañero voluntario a ir juntos. Su nombre es Iuri y había llegado de su país Brasil hacía apenas unos días, por lo que la idea de hacer algo local argentino le encantó.


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Esta clase se trataba de una seguidilla de algunas clases anteriores a donde asistían más que nada vecinos. En total, la clase duró dos horas: durante la primera, los profesores nos enseñaron un paso básico y en la otra hora, había música para bailar libremente. Mucha gente ya se conocía, pero Iuri y yo éramos los nuevos así que los profesores nos pusieron bastante atención. Pienso que bailar tango es algo muy romántico ya que se baila muy cercano a tu pareja, con una conexión casi seductora, por lo que al principio me daba bastante vergüenza intentarlo pero un rato después me relajé un poco más.


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Si bien el Tango es un baile muy hermoso y las puestas en escena de las competencias profesionales son increíbles, mi percepción personal es que este no es un baile tan difundido entre las generaciones más jóvenes. Este baile ni siquiera se enseña un poco en las escuelas, a diferencia de otros bailes tradicionales que tenemos en Argentina, como por ejemplo la chacarera. Actualmente, al menos yo asocio el tango a mis abuelos, quienes si lo escuchaban y por lo que me contaron mis padres, también lo bailaban. Pero durante tu viaje a mi país no esperes que la mayoría de la población escuche o baile Tango: para disfrutar un poco más de esto, tocará buscar un show específico o una clase privada como esta.


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Respecto a mi propia experiencia personal intentando bailar Tango, debo decir que creo que lo hice horrible. Este baile requiere mucha técnica y coordinación con tu acompañante, algo que por supuesto en una hora no iba a dominar, pero me puso feliz haberlo intentando. Después de esta clase me gustaría ver un show profesional de Tango, porque ver a los profesores bailar juntos con un alto dominio de esta danza me dejaron ganas de más. Seguramente esto se sume a las cosas turísticas que tengo que hacer en Buenos Aires: una larga lista que sigue creciendo con muchas cosas interesantes para hacer .

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7 de marzo de 2026

Auto alquilado con amigos, 100 km hasta Tolhuin y la cumbre improvisada y nubosa del Cerro Jeujepén.

 

 

A pesar de los más de 20 mil kilómetros cuadrados que tiene el territorio de Tierra del Fuego en el sur de Argentina, este lugar solo se compone de cuatro asentamientos. Los fueguinos, como se denomina a los habitantes de esta isla, están principalmente distribuidos en las grandes ciudades de Ushuaia y Rio Grande, y un poco menos de gente se desparrama en Puerto Almanza. El cuarto lugar para visitar en esta zona es Tolhuin, una ciudad que en el último tiempo ha ido creciendo, pero aún no tiene tanto reconocimiento turístico como las tres primeras. Como parte de mi estancia en esta provincia, solo me faltaba ir a pasear un poco a este lugar, y encontré la ocasión perfecta un día que alquilamos un auto sin un plan bien definido pero que terminó resultado increíble ❤️.



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Desde que descubrimos que alquilando un auto entre cuatro o cinco personas los costos eran muy bajos, mi amiga Naty y yo alquilamos uno casi todos los fines de semana. No pagábamos más de $60 por día por usarlo, y podríamos ir a donde quisiéramos. Lo divertido de esto era que como estábamos hospedadas en Ushuaia, la ciudad más turística de todas, siempre teníamos acompañantes para este plan. Nunca había ningún plan tan preciso, solo ir a dar unas vueltas con el auto hasta donde nuestra conductora designada quisiera llevarnos.


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En una de las últimas semanas de febrero habíamos conocido a Fabri y a Leo, unos huéspedes del hostel con los que compartimos algunos trekkings anteriormente. Cuando llegó el sábado y les contamos nuestro plan de auto alquilado, no tuvieron ningún problema en venir con nosotras. Para entonces ya habíamos recorrido bastante de Ushuaia, así que durante un brainstorming entre los cuatro, decidimos que sería buena idea manejar 100 km en las afueras hasta llegar a Tolhuin, la ciudad vecina.


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Cuando finalmente llegamos después de más de una hora y media, fue un gran ¿y ahora qué? Lo improvisado de este plan sobre la marcha y la no-señal en la ruta no nos había dejado planear nada, pero este equipo enseguida encontró algo para hacer. En primer lugar, pasamos por un supermercado a buscar provisiones para el almuerzo, y luego, investigamos alguna cosa interesante para pasar el día.


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Creo que ninguno de nosotros cuatro había pensado este día como para hacer trekking, pero finalmente terminó siendo así. Tolhuin es lindo, pero no había tantas cosas para hacer así que ir a visitar una montaña terminó siendo una buena opción. A diferencia de Ushuaia, en esta ciudad no hay tantas montañas, pero igual encontramos una para ver. Se trataba del Cerro Jeujepen, el cual ofrecía un hermoso mirador con una gran vista al Lago Fagnano y al desastre ambiental causado por todas las castoreras.


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Hubiésemos podido ir en auto hasta el mirador, pero mi amiga Naty no se animó a manejar por una calle tan empinada, por lo que dejamos el auto 2 km atrás y decidimos subir caminando. Esto nos llevo solo media hora y todavía era muy temprano como para terminar nuestro día ahí. La vista estaba hermosa, pero teníamos ganas de un poco más. A nuestras espaldas en el mirador había un cartel de "No pasar por peligro de derrumbe", pero ¿adivinen qué? Igualmente pasamos.


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Es cierto que después de este cartel había un sendero un poco marcado sobre un terreno un poco inestable, pero solo unos metros después nos encontramos con un bosque hermoso. En él, habían las típicas señalizaciones para seguir un sendero casi inconfundible. El asunto era que estaba muy empinado y enseguida nos sacó el aire. Pero como todo camino de este tipo, algunos metros después saliendo del bosque, pudimos tener unas vistas aún más increíbles del Lago Fagnano.


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Haber pasado el cartel se nos salió un poco de las manos porque ninguno de los cuatro sabíamos a donde estábamos yendo, pero para nuestra suerte, todavía teníamos señal en los celulares. Casi confirmando nuestras sospechas, este camino nos estaba llevando hacia la cumbre del Cerro Jeujepén, pero todavía nos faltaban unos 40 minutos de caminata. Tuvimos que hacer un parate sobre si seguir o no porque ya eran más de las 3 de la tarde, pero por supuesto a todos nos invadió las ganas de saber qué había más allá.


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Veníamos siguiendo el camino a la perfección, hasta que estando muy cerca de la cumbre, todo el paisaje se tapó con una gran nube. Literalmente, la visión estaba toda tapada por una gran esponja blanca de humedad. Todos nos emocionamos por esto: nunca pensamos que en este día hecho sobre la marcha íbamos a terminar caminando adentro de una nube. A medida que nos íbamos adentrando en ella, la visión se ponía complicada, pero lo bien pisado que estaba el sendero nos permitió seguir hacia la cima.


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Caminamos lentamente casi a ciegas por unos minutos, hasta que en la lejanía divisamos algo con forma cúbica que, según lo que habíamos leído en internet, era lo que marcaba el punto exacto de la cumbre. Al acercarnos, descubrimos que se trataba de un pequeño conteiner con un asiento adentro. Al lado, habían unos cuantos fierros de lo que alguna vez habrá sido una cruz. Seguramente este pequeño espacio sirve de refugio para condiciones climáticas adversas, pero al menos para nosotros, la nube que nos acompañaba era inofensiva.


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Esta cumbre improvisada en mi primera visita a Tolhuin se convirtió en el lugar perfecto para dejar mi sticker de Worldmappin. A diferencia de otros lugares turísticos, en este conteiner no habían otras pegatinas, así que la mía destacó bastante. Después de varios días paseando con Naty en la ciudad, ella ya sabía que yo esperaba encontrar un lugar en donde dejar mi huella, y este fue perfecto para eso. ¿Qué les parece?


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La subida al Cerro Jeujepén fue algo exigente, pero les sorprenderá saber que este cerro solo tiene 700 msnm. Toda la isla de Tierra del Fuego es muy baja y sus montañas no tienen mucha elevación sobre el mar, pero igualmente te desafían con sus subidas. Después de todo ese esfuerzo físico que terminó durando casi dos horas, fue momento de un merecido almuerzo con las provisiones que compramos abajo, en las cuales por supuesto no faltó un vino.


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Como en casi todo trekking, la bajada fue algo más fácil que la subida y cuando ya nos encontrábamos en nuestro camino de regreso a casa, hicimos una última parada. Desde ahí pudimos admirar todo el Cerro Jeujepén entero, al cuál no habíamos prestado mucha atención a la ida porque no teníamos idea de que lo subiríamos. También pudimos ver que la nube en la que caminamos seguía ahí, estancada en la cumbre. Increíble que hacía un momento atrás habíamos estado ahí arriba ❤️.


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Después del paseo a Tolhuin y al resto de las localidades de Tierra del Fuego, puedo decir que mi estancia en esta provincia quedó completa. Me alegré por haberme quedado tanto tiempo en Ushuaia, porque tuve la oportunidad de visitar casi todo lo que había en sus alrededores. El trekking improvisado hasta la cumbre del Cerro Jeujepén fue un gran plus, y la experiencia de estar dentro de una nube fue algo único para mí. Muchas cosas hicimos ese día, y todo gastando solo $15 en nuestro vehículo particular .

fuente

 

 

A pesar de los más de 20 mil kilómetros cuadrados que tiene el territorio de Tierra del Fuego en el sur de Argentina, este lugar solo se compone de cuatro asentamientos. Los fueguinos, como se denomina a los habitantes de esta isla, están principalmente distribuidos en las grandes ciudades de Ushuaia y Rio Grande, y un poco menos de gente se desparrama en Puerto Almanza. El cuarto lugar para visitar en esta zona es Tolhuin, una ciudad que en el último tiempo ha ido creciendo, pero aún no tiene tanto reconocimiento turístico como las tres primeras. Como parte de mi estancia en esta provincia, solo me faltaba ir a pasear un poco a este lugar, y encontré la ocasión perfecta un día que alquilamos un auto sin un plan bien definido pero que terminó resultado increíble ❤️.



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Desde que descubrimos que alquilando un auto entre cuatro o cinco personas los costos eran muy bajos, mi amiga Naty y yo alquilamos uno casi todos los fines de semana. No pagábamos más de $60 por día por usarlo, y podríamos ir a donde quisiéramos. Lo divertido de esto era que como estábamos hospedadas en Ushuaia, la ciudad más turística de todas, siempre teníamos acompañantes para este plan. Nunca había ningún plan tan preciso, solo ir a dar unas vueltas con el auto hasta donde nuestra conductora designada quisiera llevarnos.


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En una de las últimas semanas de febrero habíamos conocido a Fabri y a Leo, unos huéspedes del hostel con los que compartimos algunos trekkings anteriormente. Cuando llegó el sábado y les contamos nuestro plan de auto alquilado, no tuvieron ningún problema en venir con nosotras. Para entonces ya habíamos recorrido bastante de Ushuaia, así que durante un brainstorming entre los cuatro, decidimos que sería buena idea manejar 100 km en las afueras hasta llegar a Tolhuin, la ciudad vecina.


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Cuando finalmente llegamos después de más de una hora y media, fue un gran ¿y ahora qué? Lo improvisado de este plan sobre la marcha y la no-señal en la ruta no nos había dejado planear nada, pero este equipo enseguida encontró algo para hacer. En primer lugar, pasamos por un supermercado a buscar provisiones para el almuerzo, y luego, investigamos alguna cosa interesante para pasar el día.


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Creo que ninguno de nosotros cuatro había pensado este día como para hacer trekking, pero finalmente terminó siendo así. Tolhuin es lindo, pero no había tantas cosas para hacer así que ir a visitar una montaña terminó siendo una buena opción. A diferencia de Ushuaia, en esta ciudad no hay tantas montañas, pero igual encontramos una para ver. Se trataba del Cerro Jeujepen, el cual ofrecía un hermoso mirador con una gran vista al Lago Fagnano y al desastre ambiental causado por todas las castoreras.


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Hubiésemos podido ir en auto hasta el mirador, pero mi amiga Naty no se animó a manejar por una calle tan empinada, por lo que dejamos el auto 2 km atrás y decidimos subir caminando. Esto nos llevo solo media hora y todavía era muy temprano como para terminar nuestro día ahí. La vista estaba hermosa, pero teníamos ganas de un poco más. A nuestras espaldas en el mirador había un cartel de "No pasar por peligro de derrumbe", pero ¿adivinen qué? Igualmente pasamos.


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Es cierto que después de este cartel había un sendero un poco marcado sobre un terreno un poco inestable, pero solo unos metros después nos encontramos con un bosque hermoso. En él, habían las típicas señalizaciones para seguir un sendero casi inconfundible. El asunto era que estaba muy empinado y enseguida nos sacó el aire. Pero como todo camino de este tipo, algunos metros después saliendo del bosque, pudimos tener unas vistas aún más increíbles del Lago Fagnano.


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Haber pasado el cartel se nos salió un poco de las manos porque ninguno de los cuatro sabíamos a donde estábamos yendo, pero para nuestra suerte, todavía teníamos señal en los celulares. Casi confirmando nuestras sospechas, este camino nos estaba llevando hacia la cumbre del Cerro Jeujepén, pero todavía nos faltaban unos 40 minutos de caminata. Tuvimos que hacer un parate sobre si seguir o no porque ya eran más de las 3 de la tarde, pero por supuesto a todos nos invadió las ganas de saber qué había más allá.


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Veníamos siguiendo el camino a la perfección, hasta que estando muy cerca de la cumbre, todo el paisaje se tapó con una gran nube. Literalmente, la visión estaba toda tapada por una gran esponja blanca de humedad. Todos nos emocionamos por esto: nunca pensamos que en este día hecho sobre la marcha íbamos a terminar caminando adentro de una nube. A medida que nos íbamos adentrando en ella, la visión se ponía complicada, pero lo bien pisado que estaba el sendero nos permitió seguir hacia la cima.


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Caminamos lentamente casi a ciegas por unos minutos, hasta que en la lejanía divisamos algo con forma cúbica que, según lo que habíamos leído en internet, era lo que marcaba el punto exacto de la cumbre. Al acercarnos, descubrimos que se trataba de un pequeño conteiner con un asiento adentro. Al lado, habían unos cuantos fierros de lo que alguna vez habrá sido una cruz. Seguramente este pequeño espacio sirve de refugio para condiciones climáticas adversas, pero al menos para nosotros, la nube que nos acompañaba era inofensiva.


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Esta cumbre improvisada en mi primera visita a Tolhuin se convirtió en el lugar perfecto para dejar mi sticker de Worldmappin. A diferencia de otros lugares turísticos, en este conteiner no habían otras pegatinas, así que la mía destacó bastante. Después de varios días paseando con Naty en la ciudad, ella ya sabía que yo esperaba encontrar un lugar en donde dejar mi huella, y este fue perfecto para eso. ¿Qué les parece?


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La subida al Cerro Jeujepén fue algo exigente, pero les sorprenderá saber que este cerro solo tiene 700 msnm. Toda la isla de Tierra del Fuego es muy baja y sus montañas no tienen mucha elevación sobre el mar, pero igualmente te desafían con sus subidas. Después de todo ese esfuerzo físico que terminó durando casi dos horas, fue momento de un merecido almuerzo con las provisiones que compramos abajo, en las cuales por supuesto no faltó un vino.


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Como en casi todo trekking, la bajada fue algo más fácil que la subida y cuando ya nos encontrábamos en nuestro camino de regreso a casa, hicimos una última parada. Desde ahí pudimos admirar todo el Cerro Jeujepén entero, al cuál no habíamos prestado mucha atención a la ida porque no teníamos idea de que lo subiríamos. También pudimos ver que la nube en la que caminamos seguía ahí, estancada en la cumbre. Increíble que hacía un momento atrás habíamos estado ahí arriba ❤️.


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Después del paseo a Tolhuin y al resto de las localidades de Tierra del Fuego, puedo decir que mi estancia en esta provincia quedó completa. Me alegré por haberme quedado tanto tiempo en Ushuaia, porque tuve la oportunidad de visitar casi todo lo que había en sus alrededores. El trekking improvisado hasta la cumbre del Cerro Jeujepén fue un gran plus, y la experiencia de estar dentro de una nube fue algo único para mí. Muchas cosas hicimos ese día, y todo gastando solo $15 en nuestro vehículo particular .

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